
La escultura ‘Endemoniado’ nos presenta una cabeza demoníaca en un rojo vibrante, con cuernos impecablemente lisos y blancos. El uso del color y el brillo en el acabado aportan una textura inquietante que parece oírse en silencio. Hay algo intensamente humano en la expresión del rostro, quizás en la sonrisa torcida y los ojos vacíos, la pieza tiene un aura que parece emerger de un rincón oculto de la imaginación. Resulta como un símbolo de fuerzas primitivas y emociones crudas.
Esta obra hace más que evocar; desafía y subsidia una reflexión sobre lo monstruoso, y a su vez nos invita a enfrentar aquello que asustamos y fascinamos en igual medida.


